Dicen los marxistas que los
dueños de los medios de producción se lucran con el excedente del valor del
trabajo que no pagan a los trabajadores.
¿Y si el trabajo no vale lo que
cuesta? No está contemplado.
Nada dicen sobre la opinión que
la gente tiene de los artículos producidos.
Parece
que es indiferente producir iphones que medias de lana patchwork en Haiti. Se
supone que, siempre, siempre, el dueño de los medios de producción obtiene
rendimientos de la venta de lo producido y, por ello, podemos presumir que
"a priori", un empresario roba al trabajador la parte del valor final
del resultado de su trabajo.
La solución marxista a tanta
tropelía intolerable es la socialización de los medios de producción. Con ello,
el Estado (ahora se dice “lo público”) puede repartir equitativamente el
excedente de producción entre la población acabando, definitivamente, con los
parásitos interpuestos.
Pero claro, ya fue demostrada
la imposibilidad de planificar la producción en una sociedad compuesta de,
digamos, más de 25 ó 30 personas.
¿Qué producir? ¿Cuánto producir?
¿Por qué gastar el dinero en cabalgatas si en el Chaco hacen falta zapatillas?
¿Qué sanidad corresponde a la población? ¿Incluye los implantes? ¿Y el cambio
de sexo? Aparecen conceptos claramente intervencionistas que se cuelan en
nuestra vida cotidiana: cartera de servicios, salario social, redistribución,
empoderamiento…..
Pero no es sólo un nuevo
arsenal de conceptos marxista disfrazado con un revestimiento más actual y
consumible para aquella gente a la que la palabra “revolución” le recuerda los
campos de concentración, las fronteras cerradas, los vopos disparando a los desertores
y el comisario de barrio vigilando la ortodoxia de los vecinos y distribuyendo
a los “compañeros” en cada vez más pequeñas y míseras habitaciones, separados
por raídas mantas colgadas de cuerdas.
Es que los que deberían
defender la libertad de mercado, la iniciativa individual, los derechos
inalienables de la persona (seguridad, libertades, propiedad) asumen en su
discurso este neo-marxismo totalitario y tramposo.
Nadie está hablando de
sostenibilidad en el auténtico sentido del concepto.
Si los servicios públicos no
son sostenibles, el derecho a ellos es papel mojado.
Como aquella discusión absurda
de la Vida de Brian que defendía el derecho de un tío a ser madre,
independientemente de que ello no fuera posible.
Como dicen los periodistas: no
dejes que la realidad te estropee una buena noticia
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