viernes, 15 de febrero de 2019

El culto a la personalidad

Parece que un tal Escolar que dirige un diario digital o algo parecido, ha publicado una noticia sobre las relaciones entre Espinosa de los Monteros y gente implicada en el caso Gürtel.

Estas informaciones están orientadas a enfangar el prestigio de Espinosa de los Monteros y, de paso,  de VOX, partido al que pertenece y cuya ascensión quiere evitar, a toda costa, la izquierda.

La noticia es comentada por muchas personas, entre las que me encuentro, que argumentan la mala intención de la información, la dudosa credibilidad de Escolar, el nerviosismo de la izquierda…etc, etc.

Una aportación concreta ha llamado mi atención. En la foto del artículo aparece Iván Espinosa de los Monteros haciendo una declaración pública ante periodistas el día del comienzo del juicio.

Es conocido el hecho de que ha sido VOX quien ha comparecido como acusación popular en el juicio contra los golpistas.


Es que eso a la izquierda le duele muchísimo y rabia como ni imaginas. Eso de ver a un político rodeado de micrófonos de medios de comunicación de todo el mundo y explicando en un inglés a un nivel de nativo y en perfecto francés, es algo que les hace destilar litros de bilis..Esa escena de ayer de Iván Espinosa, no la habíamos visto en más de 40 años de Democracia. Lo que no ha hecho ningún ministro de Asuntos Exteriores, ni Jefe del Estado, ni mandatario, ni Presidente del Gobierno. NADIE.

Ese es el verdadero motivo de ese ataque injustificado contra Iván Espinosa: un hombre forjado y curtido en Consejos de Administración de grandes empresas privadas, políglota y con un nivel de inglés como si hubiese nacido allí, con una labia y un carisma impresionante, sin complejos... Nadie de izquierdas le llega a la suela de los zapatos.

Iván Espinosa va a dar muchísimo que hablar y este ataque con FakeNews de Preescolar contra él lo explica todo. A VOX le ha tocado la lotería con este señor.

Pero lo más asombroso, y a la vez didáctico, es el comentario a esta entrada del Sr. Santo, pergeñada por la no menos asombrosa Eva Solla Pena.

Como argumento de refutación al comentario del Sr. Santo, dice esta señora:

Pues resulta que vuestro odiado Pedro Sánchez domina esas dos lenguas, que os creéis el ombligo del mundo y no lo sois.

Observamos que la sra. Solla sale en defensa de su lider porque, también, habla inglés y francés y no porque sea socio del señor escolar y convalide, por tanto, las falsedades malintencionadas de su, digamos, diario digital.

Obviando la extrema simplicidad del comentario, podemos observar que, el fondo del argumento, es una arrobada declaración de amor al líder.

Los liberales y conservadores compartimos, en general, la brillante observación de Jefferson “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. El poder corrompe a los hombres y, cuanto más absoluto es el poder, mayor riesgo hay de corrupción. La desconfianza en el Poder es la única actitud posible frente a quienes ostentan  la capacidad de decidir sobre nuestra libertad. De ahí que defendamos una estricta separación de poderes. No conozco ninguna nación cuyos poderes ejecutivo, legislativo y judicial estén totalmente separados. Pero cuanto más cerca, mejor.

Sin ser exclusivo de la izquierda el culto a la personalidad, si es cierto que la identificación entre izquierda y virtud propalada asfixiantemente desde hace 100 años, ha sido interiorizada por la población.

Si la gente de izquierdas es bondadosa, bienintencionada, generosa, de naturaleza abnegada y gran calidad moral, según definición de la propia izquierda, el líder de izquierda hereda, de modo automático, todas estas cualidades. La admiración al líder es consecuencia inevitable del sustrato moral que lo sostiene.

Pero esta admiración está blindada contra las hipotéticas pruebas en contrario. El líder es cabal, inteligente, discreto, sereno, profundo, resolutivo, firme, decidido, tenaz. Cualquier crítica de la que se deduzca una excelencia menor que lo absoluto es sospechosa de desafección. El líder ha de resistir, con ventaja, la comparación con cualquier otro competidor, puesto que su condición moral es más elevada que la del resto de los hombres.

Esta abandonada entrega al carisma del líder de izquierdas no concibe la desconfianza o la suspicacia. Un liberal admite la posibilidad de que los políticos a quienes ha votado cometan tropelías, roben a manos llenas o se corrompan. La codicia forma parte de la humana condición. Por eso la observación suspicaz de la acción de Gobierno es un ejercicio de resistencia a la tiranía.  Los pueblos que no combaten la mentira pierden la libertad.

Por todo esto, creo que el Poder pretende la sumisión del individuo a la razón de Estado. Cada vez más funcionarios administran nuestras propiedades, reparten nuestros ingresos y aumentan las exacciones para, poco a poco, aumentar el tamaño de la Administración a dimensiones gigantescas e insoportables.

Los conservadores y los socialistas tienen algo en común: nos quieren hacer creer que propiciar una cada vez mayor presencia del Estado en nuestras vidas es una obligación que nos imponen por nuestro bien. Los unos en nombre de la cristiana protección de los débiles ante los fuertes y el mimetismo con la socialdemocracia imperante, los segundos, con la intención de usar un lecho de Proceso que haga el trabajo de la Gran Igualadora.

La derecha tiene arreglo. Gente desconfiada y de Principios. Confiemos en la desconfianza. 

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