martes, 23 de mayo de 2017

El atentado de Manchester

Perder una batalla por no librarla es un acto de cobardía y, fundamentalmente, una estupidez. El Occidente cristiano está en guerra con el Islam. No con los salafistas, los hermanos musulmanes, Hamas, el  ISIS, los jeques del petróleo, los mercaderes de Alejandría o AlQaeda. Con todo el islam.
El islam dice a sus creyentes que los que no nos prosternamos ante su concepción medieval y nómada de la teología sólo podemos vivir como esclavos, convertirnos…o morir.
Los que luchan en nombre del Islam tienen un status especialmente reverenciado por los creyentes: hay que ensalzarlos, hacer apología de sus acciones y ayudar a sus familias porque en su seno nació un mártir. Ningún mulá, ayatolah, o clérigo musulmán asimilado, condena, ni condenará, las acciones brutales y asesinas de los que, como ellos, también son hijos del islam. No vemos ninguna manifestación espontánea de musulmanes indignados por los crímenes de los yihadistas. Lo que si hemos visto son multitudes de palestinos celebrando el asesinato múltiple del World Trade Center.
Permitir que, desde sus mezquitas y madrassas prediquen contra nuestra civilización es suicida. Vienen huyendo de sus países corruptos, teocráticos o ambas cosas para socavar desde dentro nuestro sistema de libertades. Al final, los más fanáticos se hacen estallar, disparan sus AK47 o nos atropellan con camiones. Sus barrios aplauden la valentía y la fe de los mártires. Sus mujeres siguen arrodilladas y cubiertas, nuestros izquierdistas, fingiendo un multiculturalismo bondadoso, contribuyen a destruir  las normas básicas de conducta que Occidente se ha dado a sí mismo.
No podemos emplearnos a fondo para erradicar el terrorismo islámico mientras no cese la lucha idiota entre las geo estrategias de USA, China y Rusia. Creen, básicamente los chinos, que permitir la barbarie islámica – no en China, claro – erosiona el poder de Occidente, abriendo una herida que debilita a la competencia. Rusia afecta bombardear al ISIS pero, en realidad, remolonea en sus acciones militares, limitando su alcance en función de las concesiones que obtiene en cuestiones como Ucrania o Kazajstán.
De Europa ni hablo.  Policías que tienen la orden de ocultar la procedencia de los violadores si son islámicos, guetos dónde no entran a imponer la Ley,  clérigos que piden la prohibición de hacer la señal de la cruz a los jugadores de futbol, matrimonios a la fuerza, histerectomías apenas disimuladas,  ante la tibia respuesta de los gobernantes….. Hace poco, un clérigo cristiano ortodoxo ha dicho que, en 30 años, los europeos tendrán que ocultarse para seguir siendo cristianos.
En nombre del laicismo la izquierda impone la retirada de los símbolos cristianos, mostrándose, paradójicamente abierta a la construcción de mezquitas y a la enseñanza del Islam en los colegios. Por supuesto es parte de la acción disolvente del viejo topo. Recordemos algunos de sus preceptos:
Y cuando la revolución haya llevado a cabo esta segunda parte de su labor preliminar, Europa se levantará, y gritará jubilosa: ¡bien has hozado, viejo topo!
K. Marx (1852), El 18 brumario de Luis Bonaparte

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