martes, 2 de mayo de 2017

Panem et circenses

Dicen que Octavio dijo antes lo que hoy se atribuye a Juvenal, aunque no con la misma gracia: panem et circenses.
En realidad Octavio Augusto dicen dijo que los pueblos que se divierten no se rebelan y de ahí la creación de universos propios en los que los media influyentes nos invitan a vivir. El mundo de Rociito o de Terelu, de Jorge Javier o de Kiko, de MasterChef, de Operación Triunfo, de Salvados, de Paz…de todas estas óperas bufas que estos personajes representan y en las que las multitudes se abisman.
No es un plan preexistente, es el lógico corolario de la futilidad y lo políticamente correcto. Una sociedad infantil es más manejable y esta nueva mano invisible construida mediante pequeños actos idiotas y vacuas renuncias, es un caldo de cultivo ideal para que las distracciones que más convengan y menos riesgo entrañen, sustituyan a la difícilmente manejable indignación, que siempre es violenta e inconveniente y sabe Dios a dónde puede llevar.
Pero claro, el tinglado precisa de una cierta contribución popular para sostenerlo. Es necesario que, por ejemplo, los cristianos no se dejen degollar con una sonrisa imbécil en la boca mientras el yihadista de turno proclama sus sanguinarias intenciones tras la masacre mensual correspondiente. Pero tampoco debe fomentarse una reacción demasiado severa contra los parásitos, porque una cosa lleva a la otra y todo el mundo se puede dar cuenta de que los aparentemente bienintencionados poderes que nos piden contención son quienes han permitido, por incomparecencia, el crecimiento del monstruo.
Las madres solitarias que habitan sus casas vacías en un mundo que ya no entienden, apenas salen de su ensoñación lotófaga para recibir las cada vez más escasas visitas de sus hijos. Entre reality y concurso asisten, con los ojos del alma vidriosos aún por la resaca del opio televisivo, a conversaciones sobre personas que ya no conocen sino como fantasmas del pasado, que no hacen sino avivar su deseo de volver a su paraíso artificial de la sobremesa.
Y esto es un resultado indeseado del Sistema. El Poder no puede actuar con demasiado descaro. Ya muchas personas están más cerca del tertuliano de la crónica rosa que de la vecina de enfrente. Saben sus problemas, sus apuros económicos fingidos o reales, sus desengaños amorosos o sus amigos ingratos.
En la periferia democrática puede pasar que lo que el pueblo rechaza por votación popular es, luego, sustraído a su voluntad y aprobado por las élites (las élites frente al pueblo que dice Houellebecq) por ejemplo en Colombia. Pero también pasó en Francia con el tratado de Lisboa, rechazado en referéndum y luego aprobado por el Parlamento de París.
Y poco a poco la sociedad se escinde entre los habitantes del Universo Jorge Javier y los indignados perroflautas, instrumentalizados por el viejo comunismo vestido de nuevos paños.

¿Qué nos queda sino el exabrupto cuando nos suben el precio de la CocaCola? Nos queda Esquilache que, como parece quedó claro, fue una pugna barriobajera entre el Marqués de la Ensenada, el Duque de Alba y los cortesanos de Carlos III que pagó el atónito italiano. Imagino su estupefacción.
Nadie sabe cómo terminará esto. Pronostico una gran crisis a costa de algún país de mierda que libere la justa ira del populacho conducida sabiamente por sus sabios dirigentes, pescadores en rio revuelto. Al final perderán los de siempre más algunos cerdos devorados por los lobos.

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