Dicen que Octavio dijo antes
lo que hoy se atribuye a Juvenal, aunque no con la misma gracia: panem et
circenses.
En realidad Octavio Augusto
dicen dijo que los pueblos que se divierten no se rebelan y de ahí la creación
de universos propios en los que los media influyentes nos invitan a vivir. El
mundo de Rociito o de Terelu, de Jorge Javier o de Kiko, de MasterChef, de
Operación Triunfo, de Salvados, de Paz…de todas estas óperas bufas que estos
personajes representan y en las que las multitudes se abisman.
No es un plan preexistente,
es el lógico corolario de la futilidad y lo políticamente correcto. Una
sociedad infantil es más manejable y esta nueva mano invisible construida
mediante pequeños actos idiotas y vacuas renuncias, es un caldo de cultivo
ideal para que las distracciones que más convengan y menos riesgo entrañen,
sustituyan a la difícilmente manejable indignación, que siempre es violenta e
inconveniente y sabe Dios a dónde puede llevar.
Pero claro, el tinglado
precisa de una cierta contribución popular para sostenerlo. Es necesario que,
por ejemplo, los cristianos no se dejen degollar con una sonrisa imbécil en la
boca mientras el yihadista de turno proclama sus sanguinarias intenciones tras
la masacre mensual correspondiente. Pero tampoco debe fomentarse una reacción
demasiado severa contra los parásitos, porque una cosa lleva a la otra y todo
el mundo se puede dar cuenta de que los aparentemente bienintencionados poderes
que nos piden contención son quienes han permitido, por incomparecencia, el
crecimiento del monstruo.
Las madres solitarias que habitan
sus casas vacías en un mundo que ya no entienden, apenas salen de su ensoñación
lotófaga para recibir las cada vez más escasas visitas de sus hijos. Entre
reality y concurso asisten, con los ojos del alma vidriosos aún por la resaca
del opio televisivo, a conversaciones sobre personas que ya no conocen sino
como fantasmas del pasado, que no hacen sino avivar su deseo de volver a su paraíso
artificial de la sobremesa.
Y esto es un resultado
indeseado del Sistema. El Poder no puede actuar con demasiado descaro. Ya
muchas personas están más cerca del tertuliano de la crónica rosa que de la
vecina de enfrente. Saben sus problemas, sus apuros económicos fingidos o
reales, sus desengaños amorosos o sus amigos ingratos.
En la periferia democrática
puede pasar que lo que el pueblo rechaza por votación popular es, luego, sustraído
a su voluntad y aprobado por las élites (las élites frente al pueblo que dice Houellebecq) por ejemplo en Colombia. Pero también pasó
en Francia con el tratado de Lisboa, rechazado en referéndum y luego aprobado
por el Parlamento de París.
Y
poco a poco la sociedad se escinde entre los habitantes del Universo Jorge
Javier y los indignados perroflautas, instrumentalizados por el viejo comunismo
vestido de nuevos paños.
¿Qué
nos queda sino el exabrupto cuando nos suben el precio de la CocaCola? Nos
queda Esquilache que, como parece quedó claro, fue una pugna barriobajera entre
el Marqués de la Ensenada, el Duque de Alba y los cortesanos de Carlos III que
pagó el atónito italiano. Imagino su estupefacción.
Nadie
sabe cómo terminará esto. Pronostico una gran crisis a costa de algún país de
mierda que libere la justa ira del populacho conducida sabiamente por sus
sabios dirigentes, pescadores en rio revuelto. Al final perderán los de siempre
más algunos cerdos devorados por los lobos.
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