domingo, 7 de febrero de 2016

Alabanza y panegírico de los Bancos

En estos días de furiosos ataques al materialismo capitalista, a los desalmados esclavos del IBEX, a las feroces e implacables multinacionales y de ponderación santurrona de los antiguos modos de producción, la pequeña empresa y la economía familiar, voy a escribir unas líneas en defensa de los Bancos. Si, Sres. de los bancos.
Los Bancos reúnen el capital necesario para que los emprendedores puedan desarrollar sus proyectos a una escala que, si estuvieran restringidos a su propia capacidad económica, sería imposible.
¿Alguien puede imaginar a Elon Musk iniciando la fabricación de un nuevo modelo Tesla sin la participación de los Bancos?
¿Es posible financiar las nuevas pantallas de cristal de Corning – Gorilla Glass con cargo al bolsillo de su CEO, Wendell P. Weeks?
Es obvio que no.
Los Bancos evitan que, en nuestros desplazamientos, tengamos que llevar físicamente el papel moneda de que dispongamos.
Imaginen que su hijo va a estudiar un master en New York que le mantendrá 6 meses fuera de casa. ¿Cuánto dinero necesita?
10.000 del master
12.000 del apartamento
9.000 para comer
3.000 para desplazamientos
3.000 para esparcimiento
5.000 para imprevistos.
O sea, 43.000 USD, unos 38.000€.
Vamos y mandamos al niño con PanAmerican a La Guardia con 43.000 $ en el bolsillo. Y pasamos 6 meses sin que nos llegue la camisa al cuerpo pensando si le habrá pasado algo y dándole el coñazo por teléfono todos los días. Mucho mejor está el dinero en un Banco.
Como todas las herramientas, los Bancos pueden ser bien o mal utilizados. Para que un Banco sea útil a la sociedad, es decir, para que sirva a los dos valores fundamentales de la civilización: división del trabajo y cooperación social, necesitamos que cumpla algunas condiciones:
Libertad de creación de establecimientos bancarios
Banca sin reserva fraccional
Riesgo de gestión a cargo del Banco
Todo lo que no sea esto produce ineficiencias de funcionamiento y, más tarde o más temprano, responsabilidad subsidiaria a cargo de la Administración, es decir, de nuestros impuestos.
¿Por qué yo no puedo hacer un banco especializado en crowdfounding? Pues no puedo. ¿Y hacer un Banco con 50 amiguetes? Tampoco puedo si no reúno los requisitos imposibles que impone el Estado. En el fondo, no puedo hacer un Banco sin los apoyos políticos adecuados. ¿Por qué me da que esto implica corrupción y tráfico de influencias? Soy muy mal pensado.
No puede ser que, si un banquero lo hace mal, se reflote el Banco con cargo al erario público. Existe un fondo de garantía de depósitos que, con cargo a las aportaciones de los Bancos, nos garantiza hasta 100.000 pavos por cuenta o depósito. Punto. Más allá de esto, quien pierda ha perdido. Adiós dinero. Haberte enterado de cómo iba el tema. Haberte buscado un Banco mejor, más sólido, más fiable. En todo caso has perdido pasta. Te jodes.
Cuando yo levanto una empresa textil y mis diseños no gustan, mis costes son altos y mis precios también y la tecnología es obsoleta, se me acabará el negocio en 3 años. Te jodes. No has sabido hacerlo. Hazte funcionario o intenta poner un taller de cortadoras de césped, o de muñecas. Has perdido la pasta y, si era tuya ya no la tienes o la debes, si no la tenías antes.
¿Por qué habría de pagar el Estado a mis inversores, que se han equivocado y son corresponsables de mis errores, con dinero público? No lo hacen. Con los Bancos tampoco se debe hacer.
Y llegamos al punto más conflictivo y que produce más descrédito del mundo bancario: la reserva fraccional.
Los bancos no están obligados a conservar sino un pequeño tanto por ciento del total de los depósitos recibidos. Un 2 o un 3 por ciento, en general.
Eso significa que, si todos los impositores quieren recuperar su dinero al mismo tiempo (lo que es muy improbable) no pueden. Simplemente se quedan sin casi nada de su dinero.
Además los Bancos conceden créditos con cargo a dinero que no tienen (o del que tienen un pequeño porcentaje), creando, con ello, dinero ficticio, aumentando los precios (en términos monetarios) y generando inflación. Las transacciones interbancarias consisten en apuntes contables que presuponen la existencia de cantidades imaginarias. El dinero no está…pero la gente lo usa y los precios suben.
Hay que acabar con la reserva fraccional y el dinero ficticio. Como Vd. y como yo, los Bancos deben usar sólo el dinero que sus impositores hayan depositado. Sus créditos, inversiones y especulaciones deben hacerse fiando a su habilidad y perspicacia para detectar oportunidades de negocio. Deben ganar dinero cuando aciertan y perder cuando yerran.
Estos Bancos, que hoy no existen, serían un elemento imprescindible para la formación de capital. Sin ellos no es posible aumentar significativamente la producción que la sociedad demanda.

Los Bancos son auténtico progreso. La redistribución con cargo a impuestos que pagan los más hábiles no es progreso. El viejo Mises demuestra que, todo lo que no sea un sistema libre de precios como elemento de información de las necesidades de la gente es una interferencia con la riqueza y el mejor servicio de los consumidores.

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