miércoles, 10 de febrero de 2016

los perros y los dueños de los perros

Yo no tengo perro. Una vez mi hija, que intenta a toda costa paliar el mal y el dolor del mundo animal, trajo a casa una perrita de raza incierta pero buen tamaño.
El método de mi hija es sencillo: la ducha escocesa. Trajo la perra tranquilizándonos con el cuento de que nuestra casa era un hogar provisional, y con la secreta esperanza de que, transcurriendo el tiempo, lo provisional deviniese definitivo.
El experimento duró poco. Al segundo día se cargó muebles de jardín por valor de 1700 euros. La devolvimos a la perrera.
No mato perros, no les doy patadas, deploro que se les torture y abogo por que los perros abandonados sean suprimidos de modo indoloro.
No creo que debamos aguantar perros en la calle. Me gustaría que los perros hagan sus deposiciones en el jardín de sus dueños. Ni siquiera me parece bien que los saquen a cagar. Pobrecitos. Son animales. Pero yo pago muchos impuestos para tener las calles limpias de mierdas de perro. Por supuesto, hoy en día, esto es una pretensión imposible.
Los espacios públicos deben ser usados sin molestar a los demás usuarios. Un perro
molesta. Babea. Caga. Mea en la calle. Es una molestia para los demás.
En un foro de comentarios de Libertad Digital, un forero se queja de todo esto que hacen los perros en los sitios públicos y dice que está harto y que, si dices algo sobre la caca de perro o lo que los dueños dejan hacer a los perros en los parques, es seguro que tendrás un follón, de mayor entidad cuanto más enclenque te vean. Yo personalmente no suelo acabar a hostias porque la gente se lo piensa cuando me ve. Pero si los dueños de perro cagón cuyas cacas no recogen son increpados por una señora de mediana edad de aspecto apocado tendremos, casi seguro, un grosero despliegue de insultos y denuestos.
El forero dice, además, que, a su parecer, todos los dueños de perro son tarados.
Es verdad que no comprendo esta afición contemporánea por los perros. Tenían su utilidad para avisar de la presencia de zorros, ladrones y otras alimañas en un perdido medio rural. También defendían a las ovejas de los lobos y nos ayudaban a cazar. Ya no. Yo voy al Carrefour.
Parece que llevar un bicho atado con una cadena es el summum de la sensibilidad y el buen gusto, y los que no lo hacemos somos depravados y resentidos.
¿Es la soledad? No entiendo que un animal irracional que manifiesta un cariño servil y abyecto pueda llenar el vacío personal que los afectos humanos no han podido llenar. Lo comprendo y me apiado de quien así siente. No me es ajena la soledad y el vacío de una vida que comenzamos entre gritos y llantos y, si estamos conscientes, terminamos igual. Pero no me gusta que lo hagan pasar por virtud y a los que no queremos perros porque no solucionan la herida existencial fundamental y nos parecen prescindibles, nos tilden, de algún modo de insensibles.
Yo no creo que los dueños de perro sean unos tarados.
Me he puesto a pensar en los amigos y conocidos con perro. ¿Por qué lo tienen?
Una vecina tiene un perro. Ahora no le hace ni puto caso, pero, cuando sus hijos eran pequeños, servía para dulcificar el carácter de los niños, según ella. Yo creo, por lo que oía en su jardín, que los niños más bien usaban al perro como juguete unas veces, y como blanco de sus pequeñas crueldades otras veces.
Otro vecino tiene un hermoso galgo afgano perfectamente atildado y de elegante paso. También tiene un Jaguar. Son signos externos. Una muestra hacia el exterior de lo bien que nos ha ido en la vida.
Otra amiga, hace años, tenía una preciosa perrita cocker en un piso de Madrid. Volcaba la afectividad frustrada por un divorcio complicado en la perrita. Le daba solomillo para comer y la perrita terminó artrítica a los 4 años y hubo que matarla porque se moría de dolores.
Para refutar las afirmaciones del forero un dueño de perro escribe que, una vez, una señora le reprendió por algo que había hecho su perro (babear, cagar, mear, morder, qué más da….) y le dijo que la estaba molestando. Iban en un tren de cercanías.
El defensor del prestigio de los dueños de perro, dice que respondió a la señora que a él tampoco le gustaban las cerdas y que se tenía que aguantar. Yo creo que esto no pasó nunca y que está ocultando con una anécdota inexistente lo que realmente piensa del forero.
Veamos la crónica del relato: el ofendido amante de los cánidos insulta a una señora que paga, como mínimo, tantos impuestos como él, por decir en voz alta que no le gusta que los perros vayan en los trenes. Porque huelen mal. Porque babean. Porque se cagan y se mean. No se lo dice a él por lo que él es, sino por ir acompañado de un semoviente molesto.
Como el virtuoso no puede criticar los hábitos de la señora, porque los desconoce, ya que ella no se los impone (al contrario de lo que él hace con ella) la llama cerda.
Dice que está harto de tanta cerda.
¿Mostraba signos externos evidentes de desaliño? ¿Apestaba? ¿Estaba sucia? Hemos dicho que la anécdota sea, probablemente, falsa. Utilizó el término más despectivo que encontró, en su repertorio, para calificar a quien constataba un hecho y que él consideró una afrenta.
El forero sólo describe cosas que suceden a su alrededor, pueden percibirse y ser objeto de una calificación precisa: los perros cagan y los dueños no recogen la mierda; los perros huelen a perro y en un sitio cerrado el olor se hace molesto.
También es repugnante el olor a orina que deben aguantar los vecinos de los lugares de botellón. Si eso se reprime sólo los progres se escandalizan. Es de razón que los vecinos tienen derecho al descanso y a no ver sucias y hediondas las calles por cuya limpieza tanto pagan. Pero esto tiene algo en común con lo descrito con el forero.
A nadie se le ocurre increpar a 25 adolescentes borrachos que mean en los aligustres y están hablando a voz en grito a las 2 de la mañana. A nadie que no vaya bien armado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario