Autorizados dictámenes de
expertos han determinado que el mejor modo de evitar el contagio del virus
SARS-Cov-2 es restringiendo la libertad de movimientos y disminuyendo, así, el
contacto que produce la infección.
Parece que, cuando hablamos,
tosemos, estornudamos, espiramos o bostezamos emitimos una nube invisible de
gótulas (?) cargadas de virus que, mientras no son barridas por las corrientes
de aire, permanecen en el aire a la espera de penetrar en nuestro sistema
respiratorio e infectarnos con el peligroso virus.
Como precisión adicional diré
que esto de las gótulas es otro ejemplo de la incorporación de un término
inexistente en el diccionario proveniente de entornos especializados,
específicamente del mundo de la fumigación y los herbicidas. Bueno, es como
"la gafa" de los ópticos o "el pernio" de los
cerrajeros. Que se le va a hacer.
El confinamiento al que hemos
sido obligados combina la prescripción legal obligatoria y el castigo para el
desobediente con una campaña de moralización pública destinada a que la
población interiorice la reclusión como algo no solamente conveniente por
razones de salud pública, sino como la materialización de una conducta virtuosa
cuyo incumplimiento es, no sólo punible, sino rechazable desde el punto de
vista ético.
Casi unánimemente los medios de comunicación nos inundan con
empalagosas imágenes de
· niños
encerrados en sus casas pero orgullosamente felices de serlo por una buena
causa
· ancianos
protegidos, al fin, por una acción responsable del Gobierno que impide su
contagio y casi inexorable condena a muerte en caso de infección
· profesionales
de distintos sectores que combinan el esfuerzo heroico con la eficiencia
abnegada
Sólo falta la zapatillita del niño palestino muerto en un
bombardeo israelí mostrada ocho veces en ocho escenarios distintos como
elemento de propaganda, convenientemente difundida por la televisión occidental.
Por supuesto el niño no está muerto y el bombardeo nunca existió dónde y cómo
las televisiones nos transmiten. Pura farsa.
Mientras tanto, los responsables del desconcierto, improvisación,
ineficacia dolosa y corrupción que ha agravado lo que está sucediendo, prorrumpen en alabanzas de esos niños,
ancianos, sanitarios, policías y bomberos, mientras ocultan su lamentable
gestión y aprovechan para instaurar un régimen tiránico y liberticida.
Pero es que, además, el confinamiento, en los términos impuestos,
es una agresión a nuestras libertades, arbitrariamente rígido y perfectamente
mejorable.
Lo único que hay que prescribir es la utilización de mascarillas y
guantes y la observancia de los límites de distancia interpersonal necesarios.
¿De verdad hay algún problema en que yo me suba al monte de
Abantos a andar con la persona más cercana a 2 km? ¿Fue necesario el despliegue
de guardia civil para multar a un montañero que llevaba días en los Picos de
Europa a miles de metros de cualquier otro caminante?¿qué problema hay en que
la gente corra por Madrid Rio conservando 2 metros de distancia entre ellos y
el más próximo?
Yo entiendo que quienes, a sabiendas del riesgo implícito en este
virus, no tomaron ninguna medida para mantener sus convocatorias hembristas y
la repugnante propaganda asociada, tienen el culo sucio y quieren
sobrecompensar su irresponsable sectarismo con medidas innecesariamente estrictas. Como vulgarmente se
dice: quieren ponerse a la cabeza de la manifestación para ocultar que callaron
cuando tenían que hablar y disponer.
De nuevo propaganda comunista.
¡Quiero salir al monte a pasear, hijos de puta!
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