No he podido resistirme a comentar este manifiesto
entrecomillando párrafos a los que añado, a continuación, mis comentarios al
respecto:
Si leen el artículo verán que el autor
describe la correlación de fuerzas políticas en España y el actual
posicionamiento de las mismas. Para ello nos traslada su visión de cómo están
las cosas:
“A Iglesias se le suele utilizar como explicación de
todo lo que se está haciendo mal en España”.
Parece que el autor considera que esto es
injusto o, como poco, que Sánchez no sería tan criticado si no hubiera cometido
el error de pactar con Iglesias. Seguramente nos quiere decir que la acción en
sí del Gobierno de Sánchez no merece tanta crítica y la influencia de Podemos
no es tan grande
“la
sobrevaloración de lo que está haciendo Podemos en el ejecutivo viene bien a las derechas porque permite recurrir a los
extremos (que incluyen el bolivarianismo, Cuba y los tópicos habituales), pero
también a los de Iglesias, ya que les permite vender algunas de las
medidas del ámbito social o laboral como si fueran propias, como si no se
pudieran haber tomado si no hubieran estado ellos cogobernando.”
Aquí es donde se
despliega la equidistancia: los extremos son habitados por comunistas y
liberales (ambos rechazables, claro); estos extremos intentan derribar al
equilibrado Sánchez que, contra viento y marea, toma importantes medidas de ámbito
social o laboral, que, por
supuesto, el autor parece tener en gran consideración.
Imagino que se
referirá al control de precios de los alquileres, al ingreso mínimo de
integración, a la supresión de los módulos de los autónomos y a la fijación de los
precios de las mascarillas. Todas ellas medidas muy inteligentes y de
comprobada justicia y eficacia.
Por cierto,
Venezuela y Cuba no son un tópico, son infiernos despóticos donde la gente
carece de lo más elemental y se persigue y tortura a la oposición para seguir
robando a manos llenas. Un pequeño detalle.
Dice nuestro
analista que las medidas de Sánchez son “progresistas”.
Dice,
aparentemente con tristeza, que encuentra poca reflexión en la izquierda.
Imagino que se refiere a que no se han arrepentido de los 110 millones de muertos que las tiranías
comunistas han producido o al asfixiante y empobrecedor control socialdemócrata
de la ya muy intervenida economía.
A continuación
se extiende sobre el fondo del asunto. A mi me recuerda a las conclusiones del
Foro Sao Paulo o a las publicaciones de la Open Society Foundations de Soros,
pero juzguen por sí mismos. Quizá no esté yo siendo objetivo:
“si en la música popular o en las
formas de vestir unas tendencias formales suceden a otras para mantener el
mercado activo, mientras que los cambios
reales operan en la estructura del negocio, así ocurre también en la política. En las últimas
décadas, la izquierda ha aportado esa innovación que han supuesto los cambios
en las costumbres mientras que las transformaciones estructurales han provenido
de la derecha. Ha habido cuatro momentos realmente significativos en la
historia de Occidente en los últimos 50 años y todos han venido desde ese lado
ideológico: la llegada el poder de Thatcher y Reagan y el inicio de la
globalización, la de Bush Jr. y el 11-S, con la irrupción de un neoliberalismo más
acentuado, la respuesta a la crisis de 2008 con el rescate al ámbito
financiero, y la reacción a la pandemia en 2020, liderada por la des
globalización iniciada por Trump.”
Con todos mis respetos, esto es
un empastre que no dice nada salvo enhebrar tópicos al uso. Parece, no
obstante, contener la idea de que la sabia dirección del Estado y el control de
la Economía permite unos niveles de justicia y prosperidad que el cruel
capitalismo nunca podrá alcanzar. Es lógico. Era de esperar en alguien que escribe
en un país en donde las tesis anti-empresariales y la suspicacia ante la
propiedad privada son parte inseparable de la concepción de lo Bueno y
Virtuoso. Siempre es más bondadoso y solidario quien profesa tendencias
izquierdistas. Como cualquier otra fe esto no varía por la existencia de
evidencias en contrario. Vayamos por partes:
“mientras que los cambios reales operan en la
estructura del negocio, así ocurre también en la política”
La estructura de un negocio es la
forma jurídica de la empresa y es independiente de sus objetivos. Hay cambio
real cuando, por percibir que los deseos de los clientes han cambiado, se
modifican dichos objetivos. Para esto puede ser necesario cambiar la organización
de la empresa, no la estructura del negocio. Lo tomaremos como una digresión
técnico-política auto contenida (signifique esto lo que signifique)
La izquierda sólo ha cambiado de
disfraz manteniendo su estructura de negocio: conjunto de personas reunidas
para conseguir, utilizar en propio beneficio en detrimento del mercado y
mantener el poder, eliminando, en lo posible, los obstáculos que entorpezcan su
libre ejercicio. A veces esta acción se ejerce sin consideración alguna de tipo
ético o legal, a lo que a mí me parece
Como no podía ser de otra manera,
en la derecha se han instalado muchas personas que se identifican con esta
ejecutoria (como dijo Hayek, hay socialistas en todos los partidos).
“Ha habido cuatro momentos realmente significativos en la historia de
Occidente en los últimos 50 años y todos han venido desde ese lado ideológico:
la llegada el poder de Thatcher y Reagan y el inicio de la globalización, la
de Bush Jr. y el 11-S, con la
irrupción de un neoliberalismo más acentuado”
Ni Thatcher ni Reagan ni Bush
cambiaron la estructura del negocio. Si acaso hicieron cumplir la Ley con los
resultados positivos por todo el mundo percibidos.
Siguiente afirmación “llamativa”
(como los periodistas dicen últimamente):
“la irrupción de un neoliberalismo más acentuado”
Esto lo dice de unos sistemas
políticos con presiones impositivas del 65% en los que la creación de Bancos,
la emisión de moneda o la estructura del crédito están en manos del Banco
Central y, en definitiva, del Gobierno. Si el Juan de Mariana oyese tan
despropósito se levantaría de su tumba pensando que el duque de Lerma era un
liberal.
Tampoco es que
haya habido ninguna des globalización impulsada por Trump. Si acaso una dura
negociación sobre la reciprocidad. Detecto cierto lamento anti-americano.
No transcribiré
más texto y recomiendo la lectura del artículo porque la conclusión que obtengo
no es otra que: tener el poder es la única manera de disponer de los medios
coactivos necesarios para recaudar lo suficiente para imponer una verdadera
redistribución. La izquierda ha renunciado a tomar el poder (?) y por eso sus
utopías, no pudiendo financiarse adecuadamente, han devenido irrealizables. Si
los sueños fueran reales un asfixiante Poder mundial impondría impuestos
suficientes como para financiar la utopía social-comunista.
Puro Sánchez-Iglesias
a pesar de que el autor despotrica de Podemos y de “la derecha” en nombre de la
equidistancia al principio del artículo.
Es el testimonio
de un periodista de nuestro tiempo. Revela todo lo que es acertado y
conveniente en el reino de lo políticamente correcto.
Nos falta cantar el “Resistiré”
y dar palmadas a las ocho.
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